Contexto

En el actual contexto global de cambio se hace cada vez más evidente el peso de una “crisis de civilización” dado que su multidimensionalidad abarca desde la economía y las finanzas, hasta los cuidados, pasando por las crisis de valores, de ética, de racionalidad y la crisis ambiental. Una de las principales diferencias de esta crisis de la que hablamos respecto de otras crisis históricas precedentes es que las múltiples dimensiones que la componen están interrelacionadas e interactúan. La idea clave que surge en torno a esta noción de crisis es la de “insostenibilidad”. Esta realidad enfrenta a la población humana con la necesidad urgente de debates, saberes, herramientas, estrategias y acciones para la transformación hacia la sostenibilidad socioecológica fuerte.

Existe en gran medida, aún hoy, cierta fe en que nuestro creciente conocimiento científico sobre los ecosistemas, nuestras cada vez más sofisticadas herramientas y tecnologías, así como la aplicación de mecanismos de mercado, irán, paulatinamente, contribuyendo a la resolución de los problemas que componen la crisis, como la contaminación o el cambio climático. Sin embargo, la experiencia de las últimas décadas no alienta ese optimismo, sino más bien apela a la creatividad en las formas, espacios, lenguajes y formas de colaboración entre científicos/as y entre éstas y el resto de la sociedad, en la búsqueda de soluciones. Este proceso es el que ha dado lugar a una “revolución conceptual” que se manifiesta en el surgimiento de corrientes epistemológicas como “el pensamiento complejo”, “los sistemas complejos”, “la ciencia pos-normal”, “la teoría de los sistemas socio-ecológicos”, o la “resiliencia socio-ecológica”. A este surgimiento acompaña el nacimiento de una serie de disciplinas híbridas entre las ciencias biogeofísicas y las ciencias sociales, que se manifiestan como alternativas frente a las barreras de la “pureza disciplinaria”. De este maridaje, con el objetivo común de construir conocimiento con el que comprender y gestionar la actual crisis, surgen las ciencias de la sostenibilidad. La aproximación de las Ciencias de la Sostenibilidad pivota sobre el eje fundamental de la participación (Clark y Dickson, 2003; Jerneck et al., 2011; Lang et al., 2012; van der Leeuw et al., 2012; Wiek et al., 2012), tanto en la generación de conocimiento y comprensión de los sistemas complejos y sus problemáticas, como en la generación de propuestas y la interacción entre la comunidad científica y el resto de la sociedad. Mediante procesos de coproducción y diálogos de saberes, se diluye así también la frontera entre la academia y el resto de los actores sociales.

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En los últimos años, varios trabajos han resaltado dos fallos fundamentales relacionados con la mayoría de las políticas de gestión de los ecosistemas. El primero, se relaciona con el supuesto de que los seres humanos y la naturaleza constituyen dos entidades diferentes que pueden ser conceptuadas y gestionadas independientemente. Frente a este error, surge la aproximación desde los socioecosistemas o sistemas socio-ecológicos. De la necesidad de explorar las interacciones entre sistemas humanos y ecosistemas bajo una perspectiva holística, como sistemas complejos, y ante la imposibilidad de entender la naturaleza sin la sociedad ni entender la sociedad sin la naturaleza, surge el concepto de socioecosistemas o sistemas socio-ecológicos. Éstos son la unidad de estudio de las Ciencias de la Sostenibilidad y se definen como sistemas integrados de humanos en la naturaleza, resultado de un proceso coevolutivo a través del tiempo, en el que sistemas sociales y ecosistemas se han ido adaptando y moldeando, rompiendo así la tradicional dialéctica naturaleza-sociedad.

Las Ciencias de la Sostenibilidad y la teoría de los sistemas socio-ecológicos están inextricablemente ligadas a la teoría de la resiliencia: la sostenibilidad de los sistemas socio-ecológicos depende de su capacidad de asumir diferentes niveles de incertidumbre y afrontar las perturbaciones sin perder su capacidad de auto-organización y los mecanismos de regulación que determinan su estructura y funcionamiento.

Estos marcos teóricos emergen como herramientas para abordar los retos socioecológicos relacionados con el cambio global. La acumulación, el solapamiento y la interacción entre múltiples desequilibrios y perturbaciones que actúan como impulsores del cambio global están impulsando, en particular desde los años ’50, una creciente aceleración de los procesos relacionados. En España en concreto, los cambios de usos del suelo (por urbanización o abandono de las áreas menos productivas, entre otros) ha sido identificado por la Evaluación del Ecosistemas del Milenio, como el mayor impulsor del cambio global.IMG_3730

Junto a una creciente globalización y abandono del medio rural, también cambian los vínculos entre el campo y la ciudad, ya sea por las tecnologías y las nuevas formas de comunicación, por el intercambio de conocimientos o por movimientos sociales de respuesta al sistema capitalista dominante. Este es el caso del movimiento agroecológico y por la soberanía alimentaria, bajo el cual surgen estrategias locales que incluyen una visión multifuncional de la agricultura y desde el que se construyen nuevas identidades entorno a bienes y servicios rurales.

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Las motivaciones que empujan a algunas personas a migrar desde las ciudades hacia áreas rurales con la intención de revitalizar territorios y pueblos ampliamente despoblados, como zonas de montaña, son muchas, pero a menudo incluyen ideales que casan con los principios y valores de la Agroecología. De esta manera, este grupo social, agrupado en lo que se conoce como nuevo campesinado, busca restablecer un modelo de agricultura que genere riqueza social, cultural, económica y ecológica para la sostenibilidad socioecológica.

El proyecto REVERDEA – Navegando el continuum rural-urbano desde una perspectiva socio-ecológica pretende explorar, a través de la aproximación de los sistemas socioecológicos, el papel que está jugando la “vuelta al campo” del Nuevo Campesinado en la sostenibilidad y resiliencia socio-ecológicas del continuum rural-urbano en dos zonas de España, la Sierra de Aracena y Picos de Aroche en Huelva y las Sierras Norte, de Guadarrama y Oeste en Madrid.

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